El T-MEC: el negocio perfecto….para Estados Unidos.

Adiario | 21 de Mayo, 2026

El T-MEC: el negocio perfecto….para Estados Unidos

Por Thor Salayandia

Primero, una precisión importante: Carlos Salinas de Gortari impulsó el TLCAN en 1994; el T-MEC llegó en 2020 como su actualización. Pero el modelo económico ha sido el mismo durante más de 30 años: integrar a México a la economía de Norteamérica.

México pasó de depender del petróleo a convertirse en una potencia manufacturera. En 2024 el país rompió récord con más de 617 mil millones de dólares en exportaciones, donde casi el 90% fueron manufacturas. La industria automotriz, electrónica, médica y aeroespacial explotó en la frontera y el Bajío. Estados Unidos encontró en México una plataforma ideal: mano de obra más barata, cercanía logística y producción rápida, las grandes multinacionales crecieron enormemente gracias al tratado; sin embargo, el crecimiento no contó toda la historia.

México se volvió una fábrica mundial… sin convertirse en una potencia económica real. Porque el TLCAN y ahora el T-MEC sí trajeron empleos, inversión y exportaciones, pero no construyeron suficiente riqueza nacional, mucha de la utilidad se quedó en las marcas extranjeras, en las patentes, en la tecnología y en el financiamiento internacional. México puso territorio, trabajadores, energía y logística, y ahí es donde aparece la gran contradicción mexicana.

Durante décadas nos dijeron que exportar más automáticamente nos volvería un país desarrollado, pero hoy vemos una realidad distinta: México exporta como gigante industrial, mientras millones siguen atrapados entre salarios bajos, informalidad y dependencia económica.

El problema nunca fue abrir la economía, el problema fue hacerlo sin una estrategia industrial propia; porque mientras Corea del Sur o China utilizaron el comercio para crear marcas nacionales, tecnología y empresas globales, México se conformó durante años con ensamblar para otros; sí, llegaron maquilas, sí, llegaron armadoras, sí, crecieron las exportaciones, pero gran parte de las cadenas de valor siguen controladas desde fuera.

Y ahora el nearshoring vuelve a poner a México en el centro del tablero mundial, Estados Unidos necesita sacar producción de Asia y acercarla a Norteamérica, México tiene ubicación, experiencia industrial y frontera con la economía más poderosa del planeta, la oportunidad es enorme, pero también existe el riesgo de repetir el mismo modelo: crecer en producción sin crecer realmente en poder económico.

Porque si México vuelve a limitarse a ser solo mano de obra barata, entonces el T-MEC terminará beneficiando otra vez principalmente a las corporaciones extranjeras, mientras el país sigue dependiendo de decisiones tomadas en Washington, Detroit o Wall Street. El futuro no depende únicamente de cuántas fábricas lleguen, sino de cuánto país se construye alrededor de ellas. Proveedores mexicanos fuertes, tecnología nacional, empresas propias, innovación y mejores salarios tendrían que ser la siguiente etapa de esta integración comercial.

Porque un país que únicamente ensambla el futuro de otros, tarde o temprano termina hipotecando el suyo.

El T-MEC hizo más grande el comercio, pero México sigue teniendo pendiente convertir ese crecimiento en verdadero poder económico nacional.


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