¿A dónde se encamina la globalización?

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Photo: President of Russia
¿A dónde se encamina la globalización?

por Achilles Delaunay, profesor en Comercio Internacional

29 de enero de 2026

La globalización neoliberal ha llegado a su fin. Durante los últimos quince años, una sucesión de crisis económicas, de rivalidades geopolíticas más y más intensas, parálisis al interior de las instituciones multilaterales y la resistencia popular al libre comercio sacudieron profundamente la organización del comercio internacional a partir del colapso del bloque soviético. Las presidencias de Donald Trump han acelerado este viraje —y esta segunda presidencia parece asestar el golpe final. Para los grupos implicados en la justicia económica, esta conmoción provoca cuestionamientos directos sobre cuánto margen de maniobra político se tiene, cuáles son los aliados potenciales y los riesgos inminentes en un mundo donde el comercio se utiliza más y más como un contundente instrumento de poder.

La globalización: un proyecto político cuestionado

Este viraje en la globalización no es un bache en el camino. Implica una profunda transformación en la economía mundial, en sus equilibrios políticos y sus relaciones de poder. Tres economistas ofrecen perspectivas complementarias de lo que está en juego. En Chine / États-Unis, le capitalisme contre la mondialisation1, Benjamin Bürbaumer analiza la rivalidad chino-soviética como un síntoma de la crisis estructural de la globalización. Branko Milanovic, en The Great Global Transformation: National Market Liberalism in a Multipolar World2, se enfoca en la desigualdad y en quiénes ganan y quiénes pierden en la integración global. Arnaud Orain añade una profundidad histórica con Le monde confisqué - Essai sur le capitalisme de la finitude (XVIᵉ - XXIᵉ siècle)3. Estos autores no sólo presentan teorias abstractas; brindan un marco escencial para entender la actual turbulencia geopolítica.

Estos tres trabajos convergen en la idea de que la globalización nunca fue neutral o igualitaria, haciendo eco con el mensaje de los movimientos anti-globalización de las últimas décadas. Siempre ha sido un campo de batalla económico, político y militar dominado por las grandes corporaciones estrechamente vinculadas con los Estados.

La globalización contemporánea —un proyecto liberal construido bajo supervisión estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial— siempre fue cuestionada. En el Sur Global las promesas de desarrollo con frecuencia dieron paso a la dependencia, a la deuda ilegitima y a la especialización forzada dentro de las cadenas globales de valor dominadas por las corporaciones transnacionales. En lo que Milanovic llama “el Occidente político”4, una desigualdad creciente y una desindustrialización erosionaron gradualmente el consenso social entorno al libre comercio.

No obstante, fue el surgimiento de China lo que en realidad desestabilizó la arquitectura de la globalización —no porque China se mantuviera fuera, sino porque se volvió uno de sus productos más logrados.

Lo paradójico es que la expansion del capitalismo transnacional en los años setenta y ochenta en Estados Unidos y China, sentó las bases para la erosión del orden mundial liberal cuarenta años después. Bürbaumer muestra que la integración de China a la globalización neoliberal recibió el respaldo activo del capital estadounidense, que vio en ella una amplia reserva de mano de obra barata y una nueva arena para la acumulación.

Esta acumulación ocurrió bajo la supervisión de Estados Unidos, a través de la Organización Mundial de Comercio, las cadenas globales de valor y la dominación del dólar. Pero la suposición implícita —de que China debería permanecer subordinada y obediente— terminó siendo errónea. Al levantar sus propias capacidades industriales, tecnológicas y financieras, Beijing desafió paso a paso la jeraquía del sistema, algo que muy poca gente había anticipado.

Aquí el análisis de Arnaud Orain viene totalmente al punto. Desde el siglo XVI, argumenta, el capitalismo ha oscilado entre breves interludios liberales y prolongadas fases de lo que él llama “capitalismo de finitud”. Los periodos de globalización liberal son breves y dependen de la hegemonía incuestionable de un poder que sea capaz de asegurar flujos mercantiles globales, en particular aquellos que son marítimos. A mediados del siglo XIX, fue Gran Bretaña y luego Estados Unidos, entre 1945 y 2010, quienes sucesivamente jugaron este papel.

El resto del tiempo, el capitalismo se vuelve introvertido. Orain define el capitalismo de finitud como “una empresa naval y territorial dirigida a monopolizar activos —tierras, minas, zonas marítimas, gente esclavizada, almacenes, cables submarinos, satélites, datos digitales— encabezada por Estados nacionales y compañías privadas con el fin de generar renta al margen del principio de competencia”. Mientras que el liberalismo se envuelve en un discurso engañosamente pacificador, el capitalismo de la finitud es descarado, depredador y abiertamente violento.

La infraestructura de la rivalidad chino-estadounidense

El ascenso de China marca el inicio de una nueva fase de finitud, y cierra finalmente un capítulo de su “siglo de humillación” que comenzó con las Guerras del Opio contra Gran Bretaña a mediados del siglo XIX. Al apropiarse de instrumentos occidentales —como la Organización Mundial de Comercio, los TLC— y moldearlos según sus propios intereses, China ha tejido sus propias redes comerciales internacionales. Bürbaumer enfatiza que la rivalidad chino-estadounidense tiene que ver menos con el mercado global en sí mismo y se relaciona más con su organización y su gobernanza. ¿Quién fija las reglas? ¿Quién controla la infraestructura? ¿Quién se queda con el valor agregado? Éstas son las cuestiones que subyacen a las tensiones de hoy.

La globalización no es solamente que haya un aumento en los flujos mercantiles o una expansión de las actividades transnacionales. Descansa en los fundamentos materiales, digitales y financieros cuyo control se volvió una lucha central por el poder. Bürbaumer muestra que hoy son estas infraestructuras —los puertos, los cables subamrinos, las redes digitales, los sistemas de pagos, los estándares técnicos— las que estructuran la rivalidad entre China y Estados Unidos.

La iniciativa de la Franja y la Ruta se sitúa en el corazón de esta rivalidad. Concebida como una respuesta a la sobreacumulación interna y a la crisis del 2008, pretende remodelar la globalización bajo la gobernanza china. Mediante redes de transporte marítimo y terrestre, tratados de comercio y zonas económicas especiales, sus propósitos son dobles: asegurar el acceso a recursos evadiendo la supervisión estadounidense, y redefinir la división internacional del trabajo en favor de Beijing. El Corredor Económicos China-Pakistán que rodea el Estrecho de Malaca, monitoreado por Estados Unidos, es emblemático. Estos proyectos pueden acarrear consecuencias pesadas para los países que se asocien, pues con frecuencia están atrapados en el papel de proveedores con poco valor agregado —y algunas veces son aplastados por una deuda insostenible.

La batalla por los estándares es también decisiva. En una economía organizada en torno las cadenas globales de valor, fijar los estándares determina lo que los proveedores produzcan y en qué condiciones. China anidó esta ambición en su plan quinquenal desde 2015. Hoy, un 35% de las contribuciones a los estándares del sistema 5G provienen de firmas chinas.

La tecnología digital es una área estratégica de la mayor importancia al respecto. Mientras que Estados Unidos retiene un margen en ciertas infraestructuras5 y componentes clave (notablemente los semiconductores), China se ha puesto al parejo soprendentemente rápido. Pese a las sanciones impuestas por Occidente Beijing está desarrollando chips más avanzados y expande infraestructuras supervisadas por China a las que nombra “rutas digitales de la seda”.

No obstante, las finanzas siguen siendo el bastión estadounidense. El dólar sigue dominando el comercio internacional, y su alcance extraterritorial —especialmente mediante sanciones financieras— le dan a Washington una ventaja política sin paralelo. China avanza en la internacionalización de su divisa, el renminbi, pero hay todavía límites estructurales. Con este telón de fondo, no sorprende para nada la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles del 100% a cualquier país que busque sustituir al dólar como divisa de reserva.

Las finanzas y los sistemas digitales crean entonces cuellos de botella que controlan algunas firmas, que se movilizan según los fines geopolíticos de sus gobiernos6.

Callejones sin salida del comercio global

Para Orain, este enredo de las corporaciones monopólicas y el poder político es un rasgo que define al capitalismo de finitud. Al igual que a las compañías concesionarias de la época colonial —a las que se les concedían derechos soberanos para desarrollar actividades en los territorios conquistados mientras sirvieran a los intereses imperiales— la acumulación privada actual vuelve a servir al poder del Estado.

La concentración económica ha alcanzado alturas inimaginables. Walmart y Amazon dominan el ámbito minorista estadounidense; Maersk, MSC, CMA CGM y COSCO controlan casi todos los embarques globales; más de la mitad del mercado comercial de semillas y pesticidas lo detentan Bayer, Corteva, Syengenta y BASF7, y los gigantes tecnológicos ejercen una casi total soberanía sobre los espacios digitales. En China, una de las mayoras oleadas de “megafusiones” pertenecientes al Estado se ha venido desarrollando desde 2012.

La concentración es también vertical, permitiendo que las transnacionales ejerzan un control casi total sobre las cadenas de valor. Después de adquirir Bolloré Africa Logistics, por ejemplo, MSC asumió las líneas ferroviarias heredadas de French West Africa, tales como el eje Abidjan-Ouagadougou, que sigue transportando cacao, café, maní, minerales y granos. Al igual que las grandes compañías coloniales, argumenta Orain, estas firmas estructuran la economía global en torno a bodegas de alacenaje, rentas y monpolios. Adam Smith, el padre de la economía liberal, advirtió, durante la era colonial, de los destructivos efectos de tales compañías, Las cuales eran indiferentes al destino de los territorios que explotaban.

En este contexto, los tratados comerciales están cambiando su naturaleza. Se convierten, explícitamente, en instrumentos geoestratégicos. Los “acuerdos arancelarios” de Trump, reviven la brutalidad de la lógica imperial. Iniciativas previas, como las de Joe Biden —el Marco Económico Indo-Pacífico o la Alianza de las Américas para la Prosperidad Económica— ya apuntaban a asegurar las cadenas de suministro, como lo hacen muchas asociaciones comerciales de la Unión Europea. Bruselas ha señalado en repetidas ocasiones la importancia geopolítica del Acuerdo UE-Mercosur en un mundo fragmentado. Una dinámica semejante es visible en India, la cual multiplica sus acuerdos comerciales. Esta lógica de «friend-shoring» [un “apuntalamiento a los amigos”] renueva el concepto de comercio dirigido, en detrimento de las economías más vulnerables del Sur, a menudo reducidas a proveedores de materias primas. Orain describe esto como la “reprimarización” de las economías periféricas —otro eco de las tendencias comerciales coloniales.

¿Cuál es el panorama de la justicia comercial?

En La gran transformación8, libro publicado en 1944, Karl Polanyi ya se percataba de que el liberalismo económico contenía las semillas de su contrario: un capitalismo autoritario y no liberal. Milanovic anota que pensadores como Hobson, Rosa Luxemburgo y Lenin alcanzaron conclusiones similares. El comercio impulsado por las naciones y empresas imperialistas, que actúan de manera concertada para controlar los mercados y los recursos naturales del Sur por cualquier medio —incluidos la violencia y el trabajo forzado— sólo pueden sembrar discordia. La fiebre actual por las materias primas requeridas por la transición “verde” y la transición “digital” confirman plenamente esta dinámica, lo que abre la puerta a una nueva ola de extractivismo que devasta los ecosistemas y desplaza a las comunidades locales y a los pueblos originarios.

El capitalismo de la finitud, construido sobre la apropiación de recursos limitados, intensifica las rivalidades y las tentaciones expansionistas y proclives a las guerras. Los tres autores concuerdan en un punto crucial: este momento es menos un punto de quiebre con el neoliberalismo siendo en realidad uno de sus resultados. Milanovic nos recuerda que la apertura comercial ensanchó las inequidades, enriqueció al 1% de hasta arriba o que alimentó protestas masivas que fueron ignoradas durante muchos años por una aconomía ortodoxa ciega a sus efectos sociales. Estas fracturas pavimentaron el camino para figuras como Trump o Xi.

El ex-economista del Banco Mundial anticipa el surgimiento de un “liberalismo nacional de mercado”: una economía neoliberal que se mantiene al interior de las fronteras, pero que promueve el abandono del internacionalismo económico y el debilitamiento las protecciones sociales. En este mundo multipolar, los país de BRICS desafían las reglas que consideran sesgadas a favor de Occidente, pero no ofrecen alternativas genuinamente emancipatorias.

Para Bürbaumer, Estados Unidos está atrapado en lo que el activista italiano Antonio Gramsci llamó en los años veinte “la trampa del hegemón”: cuando la coerción supera al consentimiento, se erosiona la autoridad. La influencia de Estados Unidos languidece tras décadas de neoliberalismo destructivo y doble moral. China puede aparecer como una alternativa para muchos países, en particular en lo relacionado a la infraestructura y el suministro, pero su poder de atracción sigue siendo limitado. Por tanto, están ya en su lugar las condiciones para una confrontación prolongada.

Tomados en conjunto, esots libros sugieren que el mundo está entrando en un periodo de turbulencia sostenida. Si el capitalismo liberal y el capitalismo de finitud a fin de cuentas sirven a los mismos intereses, este último lo hace de un modo más brutal. Milanovic termina con una nota sombría: el nacionalismo, la avaricia y la propiedad privada continuarán moldeando el orden mundial emergente.

La suerte del propio Gramsci —que murió en una prisión fascista en 1937— parece encarnar este pesimismo. No obstante su legado también nos recuerda las cuestiones que siguen siendo relevantes hoy: ¿por qué fracasan las fuerzas progresistas? ¿Qué estaba tras la popularidad de Mussolini? ¿Cómo se forman nuestras visiones mundiales?

En última instancia no emergerá un resultado positivo sin una profunda ruptura ecológica y democrática, anclada en virajes económicos y políticos importantes en las relaciones de poder. Entre los países y al interior de éstos. Sin una renovación en la ingeniería de la gobernanza global, una que sirva a la gente más que al capital, la extrema derecha continuará explotando las grietas de un sistema en decadencia.

Estos análisis nos brindan los instrumentos para entender las nuevas líneas límite, y aunque no se ofrezcan respuestas inmediatas, ayudan a identificar las cuestiones correctas que hay que preguntar.


  • Benjamin Bürbaumer, Chine / États-Unis, le capitalisme contre la mondialisation (La Découverte, 2024)9

Benjamin Bürbaumer es un economista y profesor titula en Sciences Po Bordeaux. espeacializado en globalización y en la economía política internacional.

  • Branko Milanovic, The Great Global Transformation: National Market Liberalism in a Multipolar World (Allen Lane, 2025)10

Brank Milanovic es un académico antiguo en el Stone Center on Socio-Economic Inequality en la City University of New York (CYNY) y es profesor visitante en el International Inequalities Institute (LSE). Es ex-economista en jefe del departamento de investigación del Banco Mundial y se especializa en la inequidad del ingreso.

  • Arnaud Orain, Le monde confisqué - Essai sur le capitalisme de la finitude (XVIᵉ - XXIᵉ siècle) (Flammarion, 2025)11

Arnaud Orain es un economista e historiador, director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales.


  1. China / Estados Unidos: El capitalismo contra la globalización
  2. La gran transformación global: el liberalismo del mercado nacional en un mundo multipolar
  3. El mundo confiscado - Ensayo sobre el capitalismo de la finitud (siglos XVI-XXI)
  4. Estados Unidos, Europa, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Corea
  5. Se calcula que 70% de tráfico de internet pasa por los servidores de Amazon ((Henry Farrell, Abraham L. Newman, Weaponized Interdependence: How Global Economic Networks Shape State Coercion, International Security, 2019), y dos terceras partes del mercado de computadoras de la nube lo dominan Microsoft, Amazon y Google (Cecilia Rikap, Capitalism as Usual? Implications of Digital Intellectual Monopolies, New Left Review, 2023). Quienes proporcionan los contenidos, sobre todo las cuatro principales compañías de tecnología (Google, Meta, Microsoft, Amazon), detentan 66% de la capacidad total del cable de fibra óptica submarino (https://www.telecomtv.com/content/digital-platforms-services/telegeography-charts-global-submarine-cable-surge-41653/amp Starlink proporciona también un amplio rango de satélites a través de los cuales cruza un monto significativo de tráfico de datos.
  6. Lean también: Henry Farrell, Abraham L. Newman, Weaponized Interdependence: How Global Economic Networks Shape State Coercion, International Security, 2019.
  7. https://grain.org/es/article/7288-los-diez-gigantes-de-los-agronegocios-la-concentracion-corporativa-en-la-alimentacion-y-en-la-agricultura
  8. El título del libro de Polanyi sirve de inspiración al titulo del libro de Milanovic.
  9. Traducción al inglés en proceso
  10. Disponible sólo en inglés
  11. Disponible sólo en francés